Mi cápsula bicentenaria

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Soy leyenda. Mi prima se jacta con sus amigos que tiene un primo famoso. Ella busca mi nombre en Google y aparecen fotos mías y más de alguna cosa que he escrito.

Ser leyenda implica algo más que tener un nombre. Implica algo más que una imagen. Ser leyenda, al menos para mí, implica trascender, que los sueños que abrazaste se hagan eternos, que las cosas que pensaste en algún momento sean recordadas, por alguien.

Precisamente por eso empece a escribir este blog. Quería que en algún momento, mostrarle a alguno de mis descendientes las cosas que hice, las cosas que pensé, los amores que abracé, los sueños que lancé al viento y que quise perseguir. Sí, quería convertirme en leyenda.

No sé cuanto va a durar este espacio, blog cuchitril, pero en él están plasmados mis sueños de los últimos cinco años y en realidad siempre he pensado que las cosas quedan cuando las nombras, cuando eres capaz de crearlas por eso me gustaría dejar plasmado acá mismo qué es lo que quiero guardar para el próximo Bicentenario

Por eso quiero hacer una mochila y en ella llevar algunas cosas. Sí, son varias las que me gustaría llevarme y lo hago solo con fin que las personas que vengan sepan que existieron

Me llevo a mi familia, porque con nuestros defectos, nuestras manías y nuestros inmenso amor de verdad que somos para recordarnos.

Me llevo esta editorial para que mis colegas periodista sepan que hemos renunciado a todo afán de protagonismo y que nos conformamos con contar la historia tal y como ha sucedido, que compensamos la modestia económica con la alegría que nos da mirar el mundo a diario como si recién hubiese sido inagurado.

Me llevo el recuerdo imborrable del 27/02/2010 cuando pocos minutos después del terremoto un colega llegó a la estación de emergencia del Cerro Condell en Curicó y dio tranquilidad y unidad a todos los curicanos.

Me llevo la alegría a prueba de todos de mis primos. Los que me han enseñado a mirar el mundo con otros ojos.

Me llevo el sueño y la esperanza de tener un país unido, descentralizado, sin pobreza, con una real política de inclusión digital, donde la meritocracia sea el estándar más usado.

Me llevo el himno nacional cantado por los mineros en la mina San José a 700 metros bajo tierra, para que sepan que cuando uno es chileno sufre dos veces, pero pucha que hay gratificaciones.

Me llevo la camiseta de la U, porque hinchada hay una sola.

Me llevo los goles de Matador Salas en el Mundial y en la Catedral del Fútbol.

Me llevo una foto de mis amigos. La mejor familia urbana que he podido tener. Los que han vivido mi historia y no necesitan que se las cuente, esos son mis amigos, los que han llorado conmigo y los que se han embriagado conmigo.

Me llevo a OCD Iberoamérica, el mejor equipo de trabajo que he encontrado en años. Grandes profesionales, grandes amigos, grandes personas.

Me llevo el celular que me acompañó por muchos meses, un fiel ejemplo que la tecnología no está ligada al aparato en sí, sino a cómo nos adecuamos a ella.

Me llevo tu sonrisa, porque cada vez que la veo me hace reír, me calma y me anima

Se me pueden quedar varias cosas, pero las que se me olvidan es porque me las guardo y como soy egoísta no las quiero compartir.

[tags]Bicentenario, Chile, Cápsula del Tiempo[/tags]

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