Crónica del rescate del Carabinero Hidalgo

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Una visión personal de cómo fue el rescate.

Esta nota la escribí para el diario en el que trabajo pero la publiqué en mi blog, porque me llena de orgullo. La nota original está en este link


Cuando entré a estudiar periodismo en la Universidad mis profesoras de redacción me dijeron, desde el primer semestre, que una de las máximas del periodismo es nunca ser el protagonista de la noticia.

Ahora, seis años después y, gracias a Dios, titulado voy a infringir conscientemente esa máxima. Es que no encuentro otra forma de explicarles a ustedes cómo se sucedieron los hechos del rescate del Carabinero Hidalgo, sin contárselos desde mi punto de vista.

En todo caso, lo hago sin ningún afán de protagonismo. Sólo tengo la intención de que ustedes se enteren tal como fueron los acontecimientos y qué pasaba mientras se rescataba. Quiero que además sepan, que esta es una de las notas más honestas y sinceras que he escrito en el último tiempo.

Estaba en la Municipalidad de Curicó en una conferencia de prensa, cuando unos colegas me dicen que van a ir a la Prefectura de Carabineros para saber del estado de los funcionarios desaparecidos. Los acompañé, porque la idea era no perderme, porque luego visitaríamos a los damnificados.

Estábamos hablando con el Prefecto de Curicó, cuando un colega nos golpeó (término periodístico) cuando gritó que encontraron a uno de los carabineros. Lo mejor era que estaba vivo.

La adrenalina de todos nosotros se disparó. No me di cuenta cuando estaba en la camioneta de uno de mis colegas camino a Tutuquén. Mi celular en ese momento fue comunitario: todos necesitaban llamar a sus editores para dar la noticia. Yo lo olvidé.

Adelantamos a todos los autos que se nos ponían por enfrente. Creo que hasta nos pasamos un rojo y varios discos pare y ceda el paso. Nada importaba, sólo llegar a tiempo.

Cuando llegamos al lugar no nos querían dejar pasar. Nuestra insistencia fue tanta que nos permitieron entrar con el compromiso que dejáramos el vehículo estacionado lejos del lugar, porque aún faltaba gente que tenía que llegar.

El camino estaba completamente barroso y habían charcos de agua por todos lados. Me metí con desconfianza tratando de ensuciarme lo menos posible. Aún pensaba que podía llegar al resto de las pautas del día. Eran alrededor de las 10 de la mañana.

En el lugar todos estaban nerviosos. Muchos carabineros caminaban sin rumbo fijo por el sector. Otros se apegaban a la radio e intentaban escuchar algo. Nosotros llegamos alterados y súper acelerados.

En cuestión de segundo todas las grabadoras, cámaras fotográficas y de video estaban en nuestras manos. Yo ya estaba sucio.

De ahí en más, lo que vino fue tratar de ver al carabinero desde una posición muy poco favorable. Es que los implementos escaseaban: nadie tenía un lente larga vista y menos aún un megáfono.

Un grupo de carabineros se sacó los pantalones y cruzaron una especie de riachuelo sin agua pero con mucho barro lleno de ramas. Cuando llegamos ya estaban arriba de unos árboles gritando a su compañero.

Por su parte, los bomberos hacían lo suyo intentando conseguir de todas las formas posibles los implementos necesarios para establecer contacto visual con el carabinero.

Había pasado más de una hora desde que llegamos. Yo ya me había comunicado con el diario y todos los personajes que orbitamos alrededor de El aMaule estábamos en función de la noticia, cuando supe que era posible que un helicóptero llegara al sector para ayudar en el rescate.

Estaba nervioso. No sabía qué hacer. No podía ayudar en nada. Realmente me sentía inútil. A mi lado mis colegas reventaban sus teléfonos celulares despachando cada cinco minutos. Yo ni eso podía hacer.

Dos colegas decidieron cruzar el riachuelo para tener una toma más favorable. Yo los acompañé. Me metí y quedé con una mezcla de agua y barro que me llegaba a la cintura. Daba un paso en el sector equivocado y me caía.

En ese momento estaba congelado. Con la garganta apretada y la cara roja. Estaba sudando helado. Fue ahí cuando pensé: “si yo me siento mal cómo se sentirá el carabinero”.

Cuando llegue al otro lado estaba más nervioso que antes. En ese sector y aunque suene cliché el aire se podía cortar con un cuchillo. Todos estaban nerviosos. El cigarrillo parecía ser el mejor amigo.

Todos decían que veían al carabinero. Sinceramente yo no veía nada. Pero aun así mi vista me jugó mas de una mala pasada y creía verlo varías veces.

Cuando supe que el helicóptero venía me alegré pero me preocupé porque tenía que llegar desde Santiago y el tiempo realmente no sobraba.

Un colega me pasó su cámara de video, porque él tenía que despachar para Santiago en directo el rescate. Así que me acomodé lo mejor que pude arriba de una rama, al lado de un carabinero y detrás de otro colega camarógrafo.

Con el zoom de la cámara de Germán pude llegar hasta el otro lado del río sin ningún problema. Hice varios desplazamientos hasta que di con el carabinero. Estaba de pie al lado de unos matorrales. Se me pusieron los pelos de punta y sólo atiné a decirle al carabinero de mi lado “ahí está” él se acercó a mi cámara y vio a su colega intentar aferrarse a unas ramas. Se emocionó tanto que se puso a llorar.

El helicóptero llegó, pero inexplicablemente no hacía ninguna maniobra para rescatar al carabinero. Es más aterrizó y esperó unos minutos. En ese momento todos despotricamos contra lo funcionarios que lo piloteaban. Queríamos que el rescate fuera lo antes posible.

Cuando el helicóptero se acercó al lugar donde se encontraba el carabinero los gritos y aplausos de todos interrumpieron los despachos de los periodistas. Yo me emocioné y hasta se me olvidó sacar más fotos.

En fin, después de que salimos del barro y sabiendo que el carabinero estaba bien nos dirigimos al Hospital Base de Curicó. Esperamos largo rato en el que desfilaron muchas personas. Varios colegas de Santiago me empujaron, me pegaron combos maleteros y le mandaron saludos a mi mamá, pero aún así pude hablar con el carabinero y darme cuenta que estaba bien. Eso me tranquilizó. Lo demás no importaba.